24 d’abril del 2021

De participante a cartelizante

Intervención en el IV Encuentro intercarteles en la CdC-ELP, el 17 de noviembre de 2020



Lacan retomó el dispositivo del grupo restringido, para hacer una herramienta privilegiada del trabajo en común de los analistas y el órgano de base de su Escuela.

Podemos decir que Un cartel parte de un grupo interesado en un mismo tema psicoanalítico, que se reúne en un proyecto de trabajo donde el punto de partida es un no saber, puede ser una cuestión clínica o una pregunta por la teoría. A este pequeño grupo se le sumará el Más uno.

Luego, una vez declarado, el tema de interés común será el “título” del cartel y cada participante, nombrado ahora “cartelizante” hará de su pregunta el “rasgo” a investigar.

Ahora bien, inscribirse como cartelizantes, elegir y nombrar a alguien Más-uno, no garantiza que se ponga en marcha el trabajo de cártel.

El cártel en el que participo como Mas-Uno se inscribe en la Escuela en junio de 2019. Es un cartel de miembros y no miembros de la Escuela.

Mi experiencia como cartelizante y como Más Uno, ha sido interrogarme en relación al saber y a los grupos, también del no todo y de la soledad de la experiencia de saber.

Con respecto al saber. El psicoanálisis trae la novedad de que en el saber hay un agujero y que todo se ordena alrededor de eso. Como lo recuerda Mauricio Tarrab[1], ese saber que el psicoanálisis produce no está listo, no está preparado, no se trata de un saber que hay que aprender, no se trata de descubrirlo, se trata de inventarlo.

De diferentes formas el saber tiende a ocultar o a taponar ese agujero. El saber es propenso a anudarse desde su agujero y alienarse, es decir, a servir de medio de identificación, se presta a adoptar una consistencia, puede volverse el objeto que completa al Otro.

El Cartel es un dispositivo contra esas tendencias del saber. Por medio de un dispositivo encuadrado, con sus reglas estructuradas para su funcionamiento, se cuida para que surjan las singularidades.

Algunas reuniones preliminares fueron necesarias para poder esbozar el deseo o el objeto de interés de cada integrante, cada uno pudo ir formulando su rasgo propio, que a partir de ese momento abriría el camino de las lecturas tanto comunes como individuales. En ese primer tiempo mi orientación fue el tratar de obtener el rasgo de cada uno al modo de pregunta, que el interés por un tema pudiera formularse como pregunta.

Siguiendo esta idea, diría entonces que el lugar del cartel debería permitir que circulen las singularidades y por tanto el resultado a obtener sería entonces una posición respecto al saber.

Cada encuentro está enmarcado en una lectura común que permite ir abordando el tema general desde distintos ángulos, y que deja seguir avanzando en el rasgo de cada uno de los cartelizantes. Se eligió hacer efectiva esa lectura común alrededor de un texto concreto, practicando una lectura a la letra al estilo de trabajo del comentario.  Igualmente hemos ido trabajando otros textos elegidos.

El trabajo del Cártel es que cada uno expone para los demás, cada uno contribuye al trabajo del otro.
Otro elemento que destacaría es que el cartel pone en juego los recursos que cada uno de sus miembros dispone, para llevar adelante su propio trabajo en una puesta en común.

¿Qué es el más-uno? La función a la que se presta el más uno es hacer de tal modo que cada miembro del cartel tenga su propio rasgo.

Para limitar efectos de grupo como la identificación al ideal y la uniformidad, Lacan propuso el lugar del más-uno, un líder provocador que encarna la paradoja de dar coherencia al grupo y, a la vez, descompletarlo.

No es que el Cartel sea un “anti grupo”, como lo señala Guy Trobas, pero se trata de poner en movimiento los discursos, en un giro de perspectiva, “que también está llamado a ser un dispositivo incitador en el que el analista sería provocado a interrogarse sobre lo que de lo imaginario grupal se instituye necesariamente en un real” [2],.

¿Qué hace que funcione de la buena manera? Para mantener la tensión paradojal inherente a todo cartel, podemos apoyarnos en la noción de identificaciones no segregativas propuesta por Eric Laurent.

¿Cómo se propicia que el lazo se sostenga en lo heterogéneo? En principio es necesaria la elección del rasgo que cada uno quiere poner al trabajo. El Más-uno favorece dicha diversidad, facilita la conversación, destaca y realza los pequeños productos, de cada encuentro y de cada uno.

Es una apuesta para que el practicante pueda inventarse su propio camino, un recorrido singular conforme a su deseo, posibilitando una relación original a los textos por fuera de un programa establecido. Este puede ser un modo único, inédito de formarse, y puede ser también la vía para descubrir y verificar que la formación analítica es siempre permanente, subvertida, decidida y agujereada.

El trabajo de cartel, diría, es una puesta a prueba para hacer lazo y hacer lazo con la comunidad analítica.



[1] Mauricio Tarrab. En el cartel se puede obtener un camello.

[2] Guy Trobas. Del grupo al cartel. Del líder al más-uno.

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